La Filmoteca Narcisa Hirsch nació en 2019 de manera casi informal, como un espacio de guarda y cuidado de la obra de Narcisa Hirsch, pionera del cine experimental argentino y latinoamericano. Su trayectoria —que va desde los happenings callejeros de los años 60 hasta las películas en Super 8 y 16mm, la convirtieron en referencia ineludible para generaciones de artistas— merecía un lugar propio, un archivo que la protegiera de las inclemencias del tiempo.
Lo que vino después nos fue transformando. Gracias a una beca de la University of Southern California, se digitalizó y restauró gran parte de esa obra: películas que corrían riesgo al ser pasadas por el proyector volvieron a tener vida. El resultado fue inmediato — retrospectivas y focos en el MoMA de Nueva York, la Viennale de Viena, el MALBA, el Festival S8 de A Coruña, Media City, entre muchos otros. Un público global, ávido, estaba esperando esas películas.
Ese proceso reveló algo más amplio: la obra de Narcisa no era un caso aislado sino una puerta. A su alrededor, muchas obras de toda una generación de cineastas experimentales y artistas plásticos argentinos que hicieron cine en la segunda mitad del siglo 20, permanece guardada en cajones, en soportes frágiles, en riesgo de perderse para siempre. Obras pioneras, de una radicalidad formal que anticipó muchos de los debates que hoy atraviesan el arte contemporáneo.
Al formalizarse en 2023 como organización sin fines de lucro, nuestro horizonte es no solo la guarda sino el rescate del cine experimental argentino. La Filmoteca actúa también como agente de distribución, acercando estas obras a museos, festivales, universidades y programadores de todo el mundo.
Pequeña y artesanal, la Filmoteca opera con la convicción de que este patrimonio le pertenece a todos: a las nuevas generaciones de cineastas y artistas visuales que buscan sus raíces, a los curadores y programadores que quieren acceder a estas obras en condiciones adecuadas, y a un público que, como hemos comprobado, espera verlas.